[Tópicos feministas] Acoso callejero

lunes, 8 de diciembre de 2014

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Para esta ocasión había planeado hablar sobre el Test de Bechdel, pero dos cosas me hicieron postponerlo: me enteré de una campaña de 16 días contra la violencia de género y quiero poner mi granito de arena, la segunda razón es que hace una semana estuvo rondando una nota sobre un feminicidio en Alemania.

¿Qué es el acoso callejero?

Voy a tomar la definición de hollaback!, que me parece bastante buena.

El acoso callejero es una forma de acoso sexual que se da en espacios públicos. En esencia es una dinámica de poder que constantemente le recuerda a los grupos historicamente subordinados (mujeres y personas LGBT por ejemplo) su vulnerabilidad a ser atacados en espacios públicos. Más que eso, refuerza el hecho de que la objetivación sexual de estos grupos está presente en cualquier lugar de la vida diaria. El acoso callejero puede ser sexista, racista, homofóbico, clasista o estar basado en discapacidades o condición física.

Algunos ejemplos de acoso:
  • Los tocamientos
  • Las palabras obscenas e insinuaciones sobre tu cuerpo o apariencia.
  • La exhibición de genitales.
  • Las miradas lascivas, permanentes e incomodas a tu cuerpo.
  • Las expresiones corporales y verbales ofensivas.
  • Agresión o intimidación.
  • Persecución.
  • Cuando toman fotos a tu cuerpo sin tu consentimiento.


¿Por qué es importante hablar de esto?


Porque es una forma de violencia que no se considera tanto a la hora de hablar sobre violencia hacia algún grupo determinado. Además, es sólo el inicio de algo que puede escalar y terminar en un crimen más serio, como el de Alemania.

Tal vez se pregunten por qué voy a hablar de algo que pasó en Alemania, y es una buena pregunta, cuando en mi país, México, hay feminicidios a diario. La razón es simple: las reacciones. Tengo 24 años y desde que era niña he estado rodeada de noticias sobre crímenes a las mujeres, recuerdo cuando iba a la primaria y al menos una vez a la semana daban noticias de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, en la frontera con USA, estas noticias duraron mucho tiempo, la indignación también, y de pronto desaparecieron. ¿Pararon los crímenes y hubo culpables? No. Se volvieron cotidianos.

No sé cómo sea en otros países de habla hispana, pero aquí hay miles de feminicidios y es tan común que ya no es sorpresa ver las elevadas cifras año con año.

En Alemania, una estudiante de 23 años murió porque intentó defender del acoso a dos adolescentes. Uno de los agresores le provocó heridas en la cabeza que desembocaron en un coma y hace poco más de una semana, los padres de esta valiente mujer decidieron desconectarla. ¿Cuál fue la reacción? Le hicieron un tributo y reunieron firmas para que se le diera una medalla póstuma, eso sin contar que el culpable ya está detenido y enfrentando cargos.

Es este hecho el que me motivó a hablar del acoso callejero. Todo inició por acoso y la reacción en Alemania es algo que no imagino ver en mi país.

Si quieren leer la nota, pasen por acá (en inglés).
Algunos mitos sobre el acoso.


Hay cosas que sabemos que no son ciertas, ya sea por experiencia propia o por mera lógica: como el hecho de que no importa qué llevemos puesto, así sea un abrigo o una minifalda, porque nunca va a faltar alguien que diga algo; también sabemos el hecho de que no importa quién lo diga, si es guapo o feo, es molesto; y que es algo que pasa independientemente de si se es la mujer más despampanante o alguien normal que ni siquiera se arregló ese día.

Pero hay otros aspectos que tal vez no sean tan obvios y es que hay hombres (y digo hombres porque son ellos en los que pensamos cuando escuchamos acoso callejero) que creen que es libertad de expresión, que ellos pueden decir y mirar lo que quieran y como quieran. Pero esto no tiene que ver con la expresión, es una muestra de poder y la libertad de uno acaba en donde empieza la libertad de otro. Hay algunos otros que piensan que es un halago, pero hay formas de hacer cumplidos sin que la persona aludida sienta ganas de salir corriendo o de golpear algo. Finalmente están los que creen que secretamente disfrutamos del acoso, pero sólo pensemos esto: se llama acoso por algo, si lo disfrutáramos, tendría otro nombre; y no sólo esto, si lo disfrutáramos, entonces lo buscaríamos, lo que implica que vamos por la vida buscando la aprobación de desconocidos que nos encontramos en la calle.

Por último, mi mito favorito: así son los hombres, no pueden evitarlo. Esto reduce a los hombres a animales que no pueden controlar sus instintos porque son animales. Y no, resulta que los hombres también son personas, por más que la gente insista en decir lo contrario.

En conclusión.

El acoso callejero tiene que ver con el poder más que con lo sexual. Es una forma de hacerte sentir que estás a su disposición, como un objeto, y que el cómo luces es por y para ellos. Es importante hablar de ello y erradicarlo no sólo por lo incómodo que es, sino porque es la puerta para crímenes que pueden dañar la integridad física de alguien.

Y no es pedir que dejen de mirarnos así o de decirnos cosas porque no les gustaría que eso les pasara a sus madres, hermanas o hijas. Es pedir que pare porque también somos personas y no objetos.



4 comentarios:

  1. ¡Wow! Genial entrada.

    No es un tema muy tratado y creo que por eso me ha gustado tanto. Gracias.

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  2. Es verdad que al acoso callejero no se le da la importancia que tiene, pero es una experiencia realmente desagradable, que vamos andando por la calle como cualquiera, por dios!! En mi país, España, también hat mucha violencia de género, por desgracia.

    Besos!!

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    1. La violencia de género es terrible y lo peor es cuando no se le da la atención necesaria u.u

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